¿Qué es una enfermedad autoinmune?

En nuestro organismo existen mecanismos de defensa que lo protegen de lo que es perjudicial para él.

El conjunto de estos mecanismos se denomina sistema inmunitario. Piense en una herida infectada, nuestro organismo posee la capacidad que le permite reconocer que esta invadida por microbios. Entonces intenta hacer llegar mas sangre a esta zona, y para ello, los capilares se dilatan. Además los capilares de los vasos sanguíneos se hacen más permeables y permiten que se salgan de la sangre a determinadas células, los leucocitos.

Algunos de estos leucocitos (los fagocitos) destruyen a los microbios mediante fagocitosis (fagocitosis significa comer de las células). Otros, (los linfocitos B), fabrican unas partículas que se liberan en la sangre y que se llaman anticuerpos. Los anticuerpos tienen unas características muy especiales:

• Se unen a la superficie externa de los microbios. Esta unión los lesiona gravemente.
• Los microbios, envueltos por anticuerpos, son fagocitados (comidos) más fácilmente por los leucocitos.
• Cada anticuerpo puede unirse sólo a un microbio determinado (por ejempla, los anticuerpos contra el virus de la gripe no sirven contra el virus de la hepatitis). Mas exactamente, cada anticuerpo se une a un fragmento concreto de cada microbio (lo que llamaremos un antígeno. Esta propiedad se llama especificidad. Nuestros linfocitos B son capaces de fabricar millones de anticuerpos distintos y responde por tanto a cada infección.

Pero el efecto de los anticuerpos no es suficiente para protegernos. Además de los linfocitos B, existe otro grupo de linfocitos (llamados linfocitos T) que son absolutamente necesarios para la defensa del organismo. Los linfocitos T son capaces de eliminar determinados microbios, como los virus que, por abandonar la sangre y alojarse en el interior de nuestras células no pueden ser atacados por los anticuerpos. Los linfocitos T los consiguen destruyendo las células en las que se alojan. Concretamente se encarga de ello un grupo de linfocitos T llamados T-Citotóxicos (citos significa células).

Hay además otro grupo de linfocitos T, los T-colaboradores
Cuyo papel es importantísimo para la reacción defensiva del organismo. La función de estos linfocitos consiste en estimulas a los linfocitos B para que produzcan anticuerpos, y a los linfocitos T-citotóxicos para que actúen destruyendo células contaminadas por virus. Los linfocitos T colaboradores son capaces de distinguir entre los anticuerpos extraños y los anticuerpos propios (los componentes de nuestro organismo) de tal manera que sólo responden (estimulando la respuesta inmunitaria) frente a los primeros y no frente a los segundos. Esta propiedad de “reconocer” y “respetar” a los antígenos propios se conoce como tolerancia.

Cuando los linfocitos T colaboradores disminuyen por alguna causa, la respuesta inmunitaria es muy débil. El virus de SIDA tiene la capacidad de destruir precisamente los linfocitos T-colaboradores. Por esa razón los pacientes con Sida se defienden muy mal de las infecciones. Como no tienen suficientes linfocitos T-colaboradores no se estimulan adecuadamente los linfocitos T-citotóxicos ni los linfocitos B productores de anticuerpos. SIDA significa Síndrome de InmunoDeficiencia Adquirida.

De forma parecida a la que hemos descrito para las infecciones, el sistema inmunitario se encarga de eliminar los tejidos lesionados y alterados por un golpe o una quemadura. Además ejerce una importante acción de vigilancia frente a la transformación cancerosa de los órganos reconociendo cambios en la estructura de las células tumorales reconociéndolas y destruyéndolas precozmente.

Igualmente, en los pacientes que han sido sometidos a un trasplante (de riñón, corazón o cualquier otro órgano) se produce con mayor o menor intensidad, una reacción de rechazo. Este rechazo no es más que la respuesta normal del sistema inmunitario que reconoce, como extraños, los componentes del órgano trasplantado. El rechazo será menos intenso cuanto mas parecido (más compatible) sean el organismo dador y receptor del trasplante. Por ejemplo, sabemos que tienen que poseer el mismo grupo sanguíneo además de otras condiciones. Concretamente coincidencias entre el donante y receptor para determinadas moléculas (sistema HLA) que están en la superficie de las células, constituyendo una especie de “carné de identidad celular”, y que reciben el nombre de marcadores de histocompatibilidad. Todo ello para engañar al sistema inmunitario y evitar que reaccione. Es decir para provocar tolerancia.

Hasta ahora hemos analizado la respuesta inmunitaria normal (infecciones, golpes, quemaduras y, en cierto modo trasplantes) y hemos mencionado de pasada, la posibilidad de una respuesta anormalmente débil (inmunodeficiencia) refiriéndonos al SIDA.

Pero también es posible que se produzca una reacción alterada de la respuesta inmune anormalmente intensa. En vez de se mas débil de lo normal como ocurre en el SIDA (inmuno deficiencia) sería una repuesta exagerada (reacción de hipersensibilidad). Esta situación es en realidad, muy frecuente. La observamos en los individuos asmáticos y alérgicos. Su sistema inmunitario responde violentamente ante cosas inocentes como el polvo de la casa o los granos de polen, cuando se ponen en contacto con la nariz, los ojos o los bronquios. Las personas alérgicas a los metales sufren inflamación de la piel al contacto con hebillas o broche que contengan cromo o níquel.

En los pacientes con alguna enfermedad autoinmune, hay una alteración de la respuesta inmunitaria que se parece, en muchos aspectos a la que acabamos de comentar:

a) por una parte igual que los individuos asmáticos, reaccionan violentamente contra sustancias inocentes. En este caso contra los componentes de nuestras propias células.
b) En segundo lugar, se comportan frente a su propia piel, articulaciones, aparato respiratorio. aparato digestivo, ojos o cualquier otro órgano, como si se tratara de órganos ajenos trasplantados. Tanto por efecto directo de los anticuerpos contra estos mismos órganos como por la producción de inmunocomplejos circulantes. Los inmunocomplejos se forman por la unión de anticuerpos nucleares con ácidos nucleicos que circulan disueltos en la sangre. Son atrapados por las paredes de los vasos de los distintos órganos y atraen a los leucocitos que intentan destruirlos (fagocitarlos). Esto da lugar a una inflamación (exactamente igual que si el estimulo para los leucocitos fuesen microbios) y daño de los tejidos.

Podríamos resumir diciendo que el paciente con una enfermedad autoinmune es “alérgico” a partes de su propio organismo o, bien, como expresábamos hace un momento, que su sistema inmunitario ha perdido “tolerancia” frente a elementos (antígenos) propios. Esta situación, en la que, un individuo reacciona contra su propio organismo, es lo que se llama autoinmunidad. Por lo tanto cualquier persona, que su organismo tenga la capacidad de rechazar una parte de su cuerpo padece una ENFERMEDAD AUTOINMUNE.

Alguien dijo: “el sistema inmunitario es como un fiel perro guardián, nos defiende de todo lo que pretende invadirnos. Pero, a veces, se revuelve y muerde la mano que le da de comer.”

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